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La educación libre de estereotipos de género en la primera infancia.

¿Sabemos que quiere decir “Educación Inclusiva”?

¿Sabemos por qué es tan importante?


Desde que creamos el concepto de La Semilla decidimos que, en un ambiente donde era posible trabajar con madres y niños, era necesarios ser agentes de cambio, aportando nuestra contribución educativa en la creación de una sociedad más justa. Nuestro espacio fue pensado y creado para hacer frente a las necesidades de las madres trabajadoras, a veces solteras, a veces en condiciones de vulnerabilidad, por esto nuestro mayor esfuerzo se ha concentrado en crear un ambiente libre de estereotipos de género.


Para reflexionar juntos ¿qué quiere decir estereotipos de género?


Según la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos el uso de los estereotipos de género es la práctica de asignar a una persona determinada, hombre o mujer, atributos, características o funciones específicas, únicamente por su pertenencia al grupo social masculino o femenino. La utilización de los estereotipos de género es dañina cuando genera violaciones de los derechos y las libertades fundamentales. En general los estereotipos son enraizados en la sociedad, no tienen ninguna justificación científica o demográfica y, por lo general, se dictan de forma inconsciente.


¿Cuántos estereotipos serías capaz de enumerar? Seguramente muchísimos. Que las mujeres son mejores amas de casa, que los hombres saben usar un taladro, que los niños no lloran, que a las niñas les encanta el rosado.


Si estas afirmaciones pueden parecernos innocuas, hay muchísimas que son nocivas. Los estereotipos de género pueden llegar a limitar la capacidad de hombres y mujeres para desarrollar sus facultades personales, realizar una carrera profesional y tomar decisiones acerca de sus vidas y sus proyectos vitales.


Por ejemplo¿sabían que las niñas tienen muchas más probabilidades que un niño de no asistir nunca a la escuela? En todo el mundo, unos 103 millones de niños en edad de enseñanza primaria no van al colegio. De ellos, 60 millones son niñas. Dos terceras partes de los adultos analfabetas son mujeres.


Esto se debe porqué en particular en familias numerosas frente a la decisión de cual de los hijos escolarizar, los varones son siempre los elegidos por ser considerados más inteligentes. Además, no teniendo posibilidad de embarazarse – en contextos donde los primeros embarazos se dan entre los 14 y 16 años – se piensa que tendrán más posibilidades de carrera. Una niña no escolarizada suele ser más proclive a vivir en pobreza, casarse a una edad temprana, morir durante el parto, perder a un hijo a causa de enfermedades o epidemias, tener muchos partos muy seguidos y a tener hijos con enfermedades o desnutrición crónicas.


Sin llegar a estos extremos, hay también estereotipos que pueden parecer “benignos” y no lo son. La idea que las mujeres son protectoras, hace sí que las responsabilidades del cuidado de los hijos suele recaer sobre ellas de manera casi exclusiva: por esto son ellas que al 90% dejan sus carreras por quedarse a casa al cuidado de los niños o renuncian a especializaciones o máster que podrían asegurarle un trabajo más remunerativo.

La educación con enfoque de género todavía está al centro de un fuerte debate, creemos que educar a la igualdad desde edades tempranas es fundamental para cambiar los paradigmas machistas todavía demasiado presentes. Implementar una enseñanza igualitaria repercute directamente en el desarrollo de los niños: favorece la interiorización de un comportamiento cívico en condiciones igualitarias y con una visión común. Cambia el paradigma según el cual ser hombre o mujer establece imposiciones de determinados roles sociales. Para esto es necesario tomar en cuenta que, consciente o inconscientemente, nuestros niños reciben cada día por las personas que los rodean los elementos para comportarse de acuerdo con el género biológicamente asignado y elaborar su auto imagen.


En un contexto de educación como lo de La Semilla, se planteó a nivel metodológico como totalmente innecesario subrayar constantemente el rol biológico del niño a través estereotipos sociales y culturales: los niños no lloran, las niñas no se ensucian, los carritos son para niños y las muñecas para niñas. Estas frases o afirmaciones son todavía muy presentes en varios contextos familiares y también educativos tradicionales.


La división de las preferencias según el género biológico, aunque de repente parezca un problema menor, en realidad influye y perjudica fuertemente en la construcción individual de niños, niñas y adolescentes. Si a las niñas se les asocian siempre roles de cuidado (jugar con las muñecas) y a los niños roles de resolución de problemas (jugar con legos o con mecanos), las niñas mismas empiezan a auto limitarse ya que no consideran determinados campos como “aptos” para ellas: y esto es particularmente evidente en países con una división sexual del trabajo resistente al cambio que limitan las oportunidades de las chicas para acceder a trayectorias científicas-técnicas o roles de trabajo mejor remunerados.

El potencial de niños y niñas es entonces muy vinculado a la importancia de educar en igualdad de género. A edades más tempranas están libres de prejuicios, por lo que implementar una enseñanza igualitaria repercute en su desarrollo: en una investigación publicada en 2017, se preguntaba a niños y niñas si, cuando se les hablaba de una persona especialmente inteligente, creían que era de su sexo o del contrario. Cuando los pequeños tenían cinco años, no se observaban diferencias, sin embargo, a partir de los seis años o de su ingreso a la escuela primaria - la probabilidad de que las niñas considerasen que la persona brillante fuera de su sexo descendía.


Y no solo, según la OMS las niñas criadas en ambiente machistas, que asumen que su rol es obedecer, callarse y ser sumisas, son las victimas más habituales de los predadores sexuales, y las que tendrán más posibilidad de terminar en una relación violenta en edad adulta. De otro lado los niños criados en ambiente machista asumen, automáticamente, que las mujeres son menos además que en tendencia desarrollan actitudes discriminatorias contra las minorías sexuales: homofobia y transfobia por ejemplo.


Una educación basada en estereotipos tradicionales y visión machista limita las posibilidades de las mujeres y la violencia contra las poblaciones vulnerables. Por esto es necesario que las asociaciones educativas ofrezcan herramientas y espacios adecuados para educar a la inclusión y a la igualdad de género. Y esta educación debe de ser transversal y tratada con toda la naturalidad posible desde las primeras etapas escolares.


En estas etapas la coeducación es esencial. Es necesario que las familias estén involucradas en el proceso de criar niños libres, éticos e inclusivos que puedan distanciarse en un futuro de una visión de la sociedad basada en estereotipos machistas y dañinos y comprometerse en la construcción de un mundo más horizontal, justo y abierto.




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